
Ushuaia recuperó más de 24.000 kilos de cartón, que fueron enviados al continente para su reciclaje, y eso merece destacarse. En una isla reciclar plástico, vidrio y cartón debería ser cada vez más natural. La conciencia ya existe, sobre todo entre los más jóvenes. Lo que falta es facilitarle el camino al vecino: no alcanza con pedirle que separe si después tiene que recorrer la ciudad buscando las famosas campanas verdes para saber dónde dejar cada cosa y, encima, cada vez quedan menos. Ahora falta la parte revolucionaria: que la gestión municipal haga que reciclar sea fácil y no una excursión ecológica.













