
En una isla, reciclar está bien; ahora falta que sea fácil
Esta vez fueron 24.500 kilos de cartón. Se recuperaron, se compactaron y salieron de Tierra del Fuego para volver al circuito productivo en lugar de terminar enterrados.
Bien. Muy bien, de hecho.
El problema aparece cuando algo que debería formar parte de la rutina ambiental de cualquier ciudad todavía consigue categoría de acontecimiento. Y mucho más en Ushuaia, donde vivimos en una isla y la basura, pese a cierta costumbre administrativa de comportarse como si desapareciera cuando pasa el camión, sigue estando en algún lado.
La recuperación de materiales tampoco nació esta semana. Ushuaia tiene antecedentes de reciclaje y envío de cartón al continente desde hace años. Lo que cambia ahora es el volumen recuperado y el trabajo que se viene realizando para volver a incorporar esos residuos al circuito productivo.
Mientras tanto, una parte importante del sistema sigue descansando en el vecino.
Hay gente que separa el cartón. Separa las botellas. Guarda el vidrio. Ordena el plástico. Después carga todo y busca dónde llevarlo. Es decir: clasifica sus residuos y, si tiene tiempo, vehículo y voluntad, también se convierte por un rato en parte del sistema de recolección.
La conciencia ambiental avanzó bastante más rápido que algunas soluciones.
Especialmente entre los más jóvenes, separar residuos ya no suena a una extravagancia ecologista. Es algo aprendido en la escuela, conversado en las casas y asumido por muchas familias. El próximo paso debería ser que esa conducta tenga detrás un servicio que la acompañe.
La separación diferenciada tendría que empezar en la cocina de una casa y continuar en la vereda. Que el vecino pueda disponer cartón, plástico, vidrio o papel de manera diferenciada y que exista una recolección capaz de conservar esa separación hasta su destino.
El problema empieza después de separar.
Porque muchas veces el vecino hace su parte en casa, pero después tiene que guardar las bolsas, subirlas al auto y recorrer la ciudad hasta encontrar dónde dejar cada material. Una especie de premio al ciudadano ambientalmente responsable: además de separar, también debe encargarse de parte de la logística.
Ahí es donde la discusión tiene que avanzar.
La separación diferenciada debería comenzar dentro de cada hogar y continuar con un servicio capaz de recoger esos materiales sin volver a mezclarlos. Con días determinados, recorridos específicos o el sistema que técnicamente resulte posible, pero con una idea sencilla: que reciclar no sea complicado.
Tiene un costo, naturalmente. Requiere personal, vehículos, infraestructura y planificación.
Pero gestionar una ciudad es justamente resolver problemas que cuestan dinero y organización. Para explicar que Ushuaia es una isla, que el relleno sanitario está en su límite y que reciclar es importante ya hubo tiempo suficiente.
Los 24.500 kilos recuperados muestran que el esfuerzo vale la pena. Ahora hay que conseguir que ese resultado deje de depender tanto de la perseverancia individual y pase a formar parte de una política cotidiana.
El vecino ya entendió que tiene que separar. Ahora falta que la Municipalidad le haga más fácil hacerlo.


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