
En Tierra del Fuego, calefaccionarse en el campo no es un privilegio: es sobrevivir al invierno
ShelknamsurEn el interior fueguino, el gas no es un beneficio extraordinario ni una comodidad. Es, muchas veces, la diferencia entre poder seguir viviendo y produciendo o quedar directamente fuera del mapa.
Leonardo Aguilar, referente de UATRE Tierra del Fuego —la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores— volvió a poner en discusión una realidad que rara vez ocupa el centro del debate político: la de las familias, trabajadores y pequeños productores que viven en establecimientos rurales donde no existe red de gas natural y donde el invierno puede castigar con temperaturas de más de 20 grados bajo cero.
La situación tomó visibilidad a partir de una publicación del portal elfueguino.com.ar, donde se expuso la fuerte dependencia que tienen los establecimientos rurales fueguinos del Gas Licuado de Petróleo para sostener tanto la vida cotidiana como la actividad productiva.
Lejos de las ciudades, en campos y estancias distribuidos en distintos puntos del interior provincial, el GLP no representa un consumo accesorio. Sirve para calefaccionar viviendas, mantener operativos galpones, evitar el congelamiento de instalaciones, proteger herramientas de trabajo y sostener actividades vinculadas principalmente a la producción rural.
En muchos casos, la calefacción debe permanecer encendida durante gran parte del día durante varios meses. El aislamiento geográfico, las nevadas, los caminos difíciles y las temperaturas extremas convierten al consumo energético en una necesidad básica. No se trata de gastar más por comodidad, sino de poder permanecer en el lugar donde se trabaja.
La discusión también deja expuesta una contradicción de fondo en la política energética fueguina. Mientras algunos discursos relativizan los beneficios diferenciales o cuestionan los subsidios vinculados al gas, el propio Estado provincial ha reconocido que existen sectores productivos rurales donde la actividad no puede sostenerse sin asistencia.
Ese reconocimiento aparece en los programas destinados a subsidiar el consumo de Gas Licuado de Petróleo en establecimientos productivos rurales. En los hechos, la Provincia admite que buena parte del interior fueguino todavía carece de una infraestructura básica que en las ciudades suele darse por descontada: el acceso efectivo a la red de gas natural.
Por eso, desde el sector rural advierten que el debate sobre subsidios energéticos no puede analizarse con parámetros pensados para otras regiones del país. En Tierra del Fuego, y especialmente en su interior, el gas no es solamente una variable económica. Es una herramienta de arraigo, trabajo y supervivencia.
La situación golpea especialmente a pequeños productores, trabajadores rurales y familias que desarrollan tareas vinculadas a la ganadería y otras actividades productivas lejos de los centros urbanos. Allí, donde el invierno no perdona y la infraestructura sigue llegando tarde, quitar o reducir asistencia sin una alternativa real no ordena el sistema: castiga al que produce en las condiciones más difíciles.


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