El Reino Unido había ofrecido a la Argentina en 1974 compartir la soberanía de las Islas Malvinas

De interés 20/11/2021 Por Shelknamsur
Hace unos años «La Nación» había revelado la propuesta británica durante el último gobierno de Juan Domingo Perón, que murió antes de poder concretar el proyecto. La propuesta la hizo el Gobierno británico durante el último gobierno de Juan Domingo Perón (1973-74). El destino quiso que el General muriera antes de poder concretar el proyecto. «Aceptemos –confió Perón–. Si ponemos un pie sobre las islas, no nos sacan más. Es una realidad hoy que cada vez que algún partido político plantea una política de acercamiento con los habitantes de las Islas Malvinas, no tardan en aparecer las críticas y a arreciar un discurso que acusa de traición a la patria. Sin embargo, pocos recordamos que un estadista como Ernesto Manuel Campos, gobernador y diputado nacional, efectuó con mucho éxito dicha política, con programas de becas para jóvenes isleños, comunicaciones radiales y hasta vuelos y conexiones aéreas a través de LADE. No sorprendería que hoy, algún iluminado, lo condene y vitupere. Décadas de triunfos diplomáticos, de avances en una transición –reflejada en la propuesta de “soberanía compartida” con enseña patria argentina, británica y de la ONU-, se tirarían por la borda la mañana del 2 de abril de 1982 cuando el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri anunciaría la recuperación de las Islas tras una incursión militar cuyo inicial triunfalismo sería desmentido por la tristeza de la inexorabilidad de los hechos: muertes, carencias y, como denuncian hace algunos años conscriptos, torturas de diversos medios.
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Periodista Mariano López, Puerto Argentino ( Malvinas)

Probablemente uno de los problemas de disputa territorial más antiguo que tiene la Argentina es el de las Islas Malvinas. Ocupadas desde el 3 de enero de 1833 por el Reino Unido de la Gran Bretaña, esa perla austral constituye una de las causas que une a los argentinos y a los partidos políticos de distintos espacios del espectro ideológico. Sin embargo, el abordaje  fue tan disímil cuanto contradictorio a lo largo de los años.

Históricamente, herramientas como el servicio militar obligatorio sirvió a los fines de “argentinizar” a los hijos de inmigrantes que se incorporaban a la vida política y social del país. Instaurado en 1904 por el entonces presidente Julio Argentino Roca, fue uno de los medios primordiales para asimilar a la creciente masa de extranjeros por nacimiento o descendencia que habitaban los grandes centros urbanos pero también las colonias agrícolas del litoral y la Mesopotamia.

Pero también la educación, la concepción de la nación, el territorio, sus disputas, en los manuales escolares con los que se forman miles y millones de niños en cada rincón del país, contribuyen a moldear los conceptos que luego serán los que hayan aprendido las clases dirigentes políticas, empresariales, militares, etc.
La causa Malvinas, en tanto asunto político, empezó a representar un punto importante en la agenda de las clases dirigentes a partir de los años 30 con más fuerza. El nacionalismo imperante a partir del golpe de Estado cívico militar acaecido el 6 de septiembre de 1930 y luego el ascenso de Juan Domingo Perón promediando los años 40, significaron una nueva configuración de la política exterior que llevaron adelante los distintos gobiernos.

No obstante, los primeros triunfos diplomáticos se cristalizaron en el gobierno de Arturo Umberto Illia, radical cuyo canciller, Miguel Ángel Zavala Ortiz, obtendría la más que conocida Resolución 2065 de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que instaría a las partes del diferendo –esto es, Argentina y el Reino Unido de la Gran Bretaña-, a iniciar un diálogo conducente, en definitiva, a la recuperación de la soberanía argentina sobre las Islas.

A partir del proceso de descolonización que se produjera tras la Segunda Guerra Mundial y que afectó a potencias coloniales como Gran Bretaña o Francia y sus enclaves en África o Medio Oriente; también se llegaría, en un caso emblemático como Hong Kong, a la firma de un Tratado que establecía la devolución a China de dicha colonia británica, a concretarse en 1997, manteniendo la isla sus instituciones y régimen heredados de su pasado colonial. Dicha posibilidad, evaluada por autoridades argentinas y británicas, tendrían su viabilidad en los años 70 durante el breve gobierno de Perón, tristemente frustrada tras su muerte y la asunción del Ejecutivo por su esposa, María Estela Martínez de Perón.

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El 15 de noviembre de 1972 se inaugura la pista de aterrizaje de Puerto Argentino construida por el Estado argentino. 

Décadas de triunfos diplomáticos, de avances en una transición –reflejada en la propuesta de “soberanía compartida” con enseña patria argentina, británica y de la ONU-, se tirarían por la borda la mañana del 2 de abril de 1982 cuando el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri anunciaría la recuperación de las Islas tras una incursión militar cuyo inicial triunfalismo sería desmentido por la tristeza de la inexorabilidad de los hechos: muertes, carencias y, como denuncian hace algunos años conscriptos, torturas de diversos medios. Si bien la flota aérea británica sufriría las peores bajas desde la Segunda Guerra Mundial y, en términos generales, la fortaleza de las fuerzas argentinas mostraron un temple y sacrificio reconocido hasta el día de hoy por los propios soldados imperiales (recordemos que se trató, en definitiva, del último conflicto bélico con batallas cuerpo a cuerpo), la cantidad de bajas, incrementada sustancialmente por el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano fuera de la zona de exclusión y que es motivo de polémica historiográfica y militar por su carácter –o no- de crimen de lesa humanidad; la contienda terminó a favor del Reino Unido de la Gran Bretaña, que vería además el resurgir de la popularidad de su dama de hierro, Margaret Thatcher, quien quedaría por el resto de su vida agradecida a Galtieri por haberle dado el respiro y la oportunidad para ser reelecta y convertirse en la mujer que marcaría a fuego al conservadurismo de los tories en Londres.

A las sanciones impuestas por las principales potencias durante los ochenta por la guerra, se sucedió la política de seducción, simbolizada en los peluches del conocido dibujo animado Winnieh The Poo propiciada por el canciller Guido Di Tella en los años 90 de la mano de un presidente como Carlos Menem, quien además había firmado los Tratados de Madrid con el predecesor de Di Tella, Domingo Cavallo, cuyas consecuencias aun son advertibles en permisos de pesca y de explotación de los ingentes recursos naturales que rodea a las Islas.
Pero: ¿Qué es la soberanía en pleno siglo XXI? ¿Los problemas subyacentes siguen siendo los mismos?  Y aún si fuesen distintos, ¿pueden ser objeto de estudio en similares términos a los de hace algunas décadas? Sin duda que a dichas preguntas debemos decir que no. La globalización, con la proliferación y el auge de las tecnologías de información y comunicación delinean a su modo fronteras que hoy son menos visibles que nunca. Problemas trasnacionales con abordajes segmentados según el país de que trate. Celebrar el Día de la Soberanía Nacional, en un 2021 que aun registra numerosos efectos de una pandemia como el virus de SARS-Covid19, nos obliga a despejar aquellas incógnitas que permitan fortalecer las políticas nacionales adaptadas al contexto que nos cobija y que, de acuerdo al abordaje, nos puede beneficiar o perjudicar. 

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