Descubrimos cuáles eran y en qué consistían las formas de ocio del pueblo Selk’nam, basadas sobre todo en prácticas deportivas que ponían a prueba la excelente forma física de los onas

De interés 13/11/2020 Por Shelknamsur
Cuando se investiga sobre cómo era la vida de nuestros antepasados, a menudo se da preferencia a aspectos como la mitología, la forma de subsistencia o la estructura social de los pueblos. Sin embargo, averiguar cómo se entretenían estos pueblos es también una rica fuente de información para entender cómo eran realmente esas personas.
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El juego puede parecer una actividad muy moderna, pero, en realidad, está presente de una forma u otra en todas las civilizaciones de las que se tiene constancia. Lo que hoy se utiliza como complemento de un sinfín de juegos, como los son los dados, tienen su origen en Persia y fue hace más de 5.000 años; el ajedrez, presente en todo el mundo, se cree que se originó en la India en el siglo VI; la primera referencia oficial de lo que hoy es el blackjack data del siglo XVII y estos son solo algunos ejemplos. Son muchos los juegos que han sobrevivido durante siglos y que se han dado a conocer por todo el planeta, muchas veces, siendo adoptados como propios aún sin serlo.

En el caso del pueblo Selk’nam, como sucediera con los antiguos griegos y romanos, el principal entretenimiento eran juegos que hoy podemos considerar deportes.

Conocemos cómo se entretenían los Selk’nam (conocidos como onas, aunque ellos se hacían llamar selk’nam o shelkman) gracias al testimonio de los últimos supervivientes nativos de aquel pueblo, cuya herencia sigue presente en Tierra del Fuego, aunque necesita ser reivindicada para que no se pierda.

Una de las principales investigadoras sobre la vida de los selknam fue la franco-estadounidense Anne Chapman. La voluntad de la antropóloga, fallecida en 2010, era que su trabajo estuviera disponible en Tierra del Fuego para todo aquel que lo quisiera consultar, un proceso que se inició en 2018. Y es que las investigaciones de Chapman se basan principalmente en los testimonios de onas como Angela Loij o de la “India Varela”, Enriqueta Gastelumendi, de padre vasco y madre selknam. Algunos de esos testimonios se pueden ver en el documental de Chapman titulado “Onas”, de 1967, que cuenta con los cantos de Lola Kiepja, conocida como “la última ona”.


Parte de estos trabajos se recogen en el Museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia, reconocido como uno de los mejores del país. Pero no son las de Chapman las únicas investigaciones que se han hecho sobre la vida de los selknam. En un trabajo para el Museo del Juego titulado “Cultura deportiva de los pueblos indígenas”, se recogen fragmentos de obras de distintos autores para detallar los principales juegos deportivos de los selknam.

Con toda esta información, podemos concluir que los selknam, que llamaron la atención de los expedicionarios por su buena complexión física (tenían una altura media de 1,80 metros y eran muy fuertes), disfrutaban especialmente de las carreras, la lucha y el tiro con arco. Aun así, aunque esos eran los preferidos, los varones adultos participaban también en otros juegos. Las mujeres, aunque en la infancia sí tenían juegos propios, durante la edad adulta ya no participaban en este tipo de entretenimiento.

Carreras

Había principalmente dos tipos de carreras: velocidad y resistencia. En las de velocidad, que se llamaban “káiyik”, los participantes se retaban a ver quién llegaba antes a la meta establecida, a unos 30 metros de la salida. Las de resistencia consistían normalmente en subir a lo alto de una cima y bajar, o en dar determinadas vueltas a un lago en el menor tiempo posible.

Lucha

Las luchas, de las que también había varios tipos, además de un juego, suponían a menudo una forma de establecer relaciones sociales entre los miembros de un pueblo y con sus vecinos. Luchaban durante horas, hasta que toda la aldea quedaba agotada. Había también varios tipos, como la “wiyekséin”, la más apreciada por los onas y que normalmente contaba con luchadores famosos; la “at’ate”, que era una lucha colectiva que se utilizaba para solventar disputas entre grupos; o la “hámák’ar”, una fila de hombres contra otra donde ganaba el grupo que consiguiera empujar a los otros hacia atrás.

Tiro con arco y flecha

Existían en esta práctica distintas modalidades. El “uleka’i” consistían en disparar la flecha hacia un objeto que se situaba a unos 25 o 30 metros; estaba también la competición de tiro con arco donde ganaba quien lanzaba más lejos, llamada “anuka’i”, según la versión de la India Varela, o “kiánser”, según Angela Loij. Además, existía el tiro a un blanco móvil, que consistía en disparar a una persona que se protegía con un quillango y se iba moviendo. Y también practicaban el combate cubriendo la punta de las flechas con pelotas de cuero para que fueran inofensivas.

Estos eran los juegos más populares, aunque había otros, como el salto de distancia, el lanzamiento de leños encendidos (“c’onektár en”) o un juego de pelota en el que hinchaban la vejiga de algún animal para utilizarla de balón.

Desde territorio chileno se han llevado a cabo investigaciones que dan cuenta de juegos que no eran simple entretenimiento, sino que tenían un valor ritual, como “el juego de la muerte”. Había varios ritos entre los selknam, uno de los más conocidos e importantes era el paso a la edad adulta, conocido como Hain -del que Chapman dio buena cuenta-; en él se representaban espíritus como el de Kotaix, que han servido de inspiración a artistas para decorar todo tipo de objetos.

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