
Desidia e improvisación: la gestión que le cuesta 2 millones de dólares a los fueguinos

El ministro de Energía, Alejandro Aguirre, anunció la contratación de equipos móviles de generación a gasoil, presentándolo como la solución mágica que tanto se esperaba. Sin embargo, la realidad es mucho más cruda: no es más que un parche temporal, pero en dólares. Estos equipos, que se instalarán en el Centro de Distribución de Vialidad, reflejan la respuesta desesperada de un gobierno que, como los anteriores, parece haber sido sorprendido una vez más por la crisis energética.
Esta operación de emergencia no sale barata. Estamos hablando de 2 millones de dólares, una suma que, sumada a los costos del combustible, bien podría haber sido destinada a proyectos de infraestructura que realmente ofrezcan una solución duradera. Pero, en cambio, se elige continuar con estos remedios que no curan nada.
Desde el gobierno, intentan convencernos de que estos equipos evitarán los temidos cortes durante las horas pico, salvaguardando tanto a los residentes como al sector industrial, que ya han sufrido lo suyo con los apagones. Lo que no nos dicen es que esta "solución" es tan transitoria como los inviernos que la justifican. Mientras tanto, seguimos dependiendo de una usina que se sostiene con lo justo y de la promesa –porque de promesas estamos llenos– de reparar una turbina que, según dicen, será nuestra salvación en el futuro. Eso sí, no pidan fechas concretas.
Carlos Rembado, gerente de construcción de usinas de la empresa Sullair, detalló que los equipos tendrán una potencia de 7 megavatios, pero solo funcionarán durante las horas de mayor consumo. Es decir, no estarán disponibles las 24 horas del día. Porque, claro, ¿quién necesita electricidad fuera de las horas pico? Parece que al Ejecutivo le cuesta comprender que la energía no es un lujo, sino una necesidad básica.
Una vez más, los fueguinos son quienes terminan pagando el precio de una administración que no aprende de sus errores, pero insiste en repetirlos. El dinero que hoy se destina a alquilar soluciones temporales podría haberse invertido en proyectos de infraestructura que aseguren un suministro energético constante y confiable. Pero no, se prefiere seguir con la misma lógica de emergencia, como si la improvisación fuera la única herramienta en la caja.
Lo que los fueguinos realmente necesitan no son milagros ni promesas vacías; necesitan planificación y decisiones que apunten a un desarrollo sostenible. La desidia y la improvisación no pueden seguir siendo el método de gestión en una provincia que merece mucho más que costosos parches y soluciones de última hora. Mientras esta lógica persista, el futuro energético de Ushuaia seguirá siendo incierto, y los costos, tanto financieros como sociales, seguirán recayendo sobre los hombros de una población que ya está harta de pagar las consecuencias.


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