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title: "La economía del “eterno adolescente”: papá Nación, segundo trabajo y una provincia que nunca terminó de independizarse"
article_type: "Article"
description: "La economía fueguina se parece demasiado a la del eterno adolescente que ya es grande pero sigue dependiendo de sus padres: durante décadas tuvo a “papá Nación” sosteniendo buena parte del modelo y los gobiernos provinciales nunca terminaron de construir una verdadera independencia productiva. Hoy 41.436 personas están bajo la línea de pobreza en Ushuaia y Río Grande, muchos trabajadores necesitan un segundo ingreso y algunos políticos todavía eligen culpar al que llegó de otra provincia. Y cuando ya no alcanza ni el sueldo ni el segundo trabajo, aparecen los repartidores de bolsones. Asistir al que lo necesita es obligación del Estado; hacer de esa necesidad una política permanente es otra cosa. Porque para algunos, administrar la pobreza también termina siendo una manera bastante eficaz de administrar votos."
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date_published: "2026-08-11T09:05:00-03:00"
date_modified: "2026-08-11T09:36:39-03:00"
author_name: "Mariano López"
category_name: "Política"
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# La economía del “eterno adolescente”: papá Nación, segundo trabajo y una provincia que nunca terminó de independizarse

Tierra del Fuego tiene recursos, industria, petróleo, gas, pesca, turismo, beneficios fiscales y una ubicación estratégica que cualquier provincia quisiera tener.

Lo que sigue sin tener, después de tantos años, es una economía suficientemente diversificada como para no mirar permanentemente hacia Buenos Aires cada vez que algo se mueve.

Durante décadas “papá Nación” sostuvo buena parte del esquema. Eso no fue un regalo: fue una decisión política y geopolítica para poblar y desarrollar el extremo sur.

El problema es que la Provincia creció, se hizo grande y nunca terminó de construir las herramientas necesarias para caminar con mayor autonomía.

Cada gobierno habló de diversificación.

Pesca. Turismo. Hidrocarburos. Tecnología. Logística antártica. Producción de alimentos. Nuevas industrias.

Los anuncios siempre estuvieron.

Lo que faltó fueron los miles de puestos de trabajo nuevos capaces de demostrar que la famosa diversificación había dejado de ser una palabra de campaña.

Mientras tanto, apareció otra reconversión.

La del trabajador.

Sale de su empleo y prende Uber. Vende por internet. Hace repartos. Busca una changa. Trabaja el fin de semana.

Uber no es el problema. Para quien tiene un auto puede ser una buena herramienta para generar un ingreso adicional.

El problema es **necesitar hacerlo después de haber trabajado todo el día**.

Y todavía hay que tener auto.

El que dispone de un vehículo puede intentar conseguir otra entrada. El que no tiene auto, ahorros ni nada para poner a producir queda bastante más complicado.

La última medición oficial disponible contabilizó **41.436 personas bajo la línea de pobreza en Ushuaia y Río Grande**. Tolhuin no forma parte de esa estadística.

Ese número debería alcanzar para dejar de buscar culpables entre los vecinos.

Sin embargo, cada tanto aparece la frase: **“que se vuelvan a sus provincias”**.

Le sirve mucho al político que no tiene demasiadas explicaciones para ofrecer.

En lugar de responder qué hizo durante años para generar empleo, viviendas o nuevas actividades económicas, siempre queda la posibilidad de señalar al argentino que llegó de Chaco, Córdoba, Salta o Buenos Aires.

El detalle es que vivimos en un país federal.

Tierra del Fuego no tiene derecho de admisión. Un argentino puede vivir y trabajar acá como un fueguino puede hacerlo en cualquier otra provincia.

**No hay ciudadanos de primera y de segunda según dónde nacieron.**

Y, además, durante décadas se promovió exactamente que la gente viniera.

La gente llegó.

La planificación quedó corta.

Después aparece el último escalón: el bolsón.

Si una familia no tiene para comer, el Estado tiene que ayudarla. Eso no es caridad ni generosidad del funcionario. Es obligación.

Pero repartir comida no puede ser presentado como política económica.

El verdadero objetivo debería ser que esa persona **deje de necesitar el bolsón**. Que tenga trabajo, un ingreso suficiente y pueda elegir qué compra para su familia sin depender de una lista, un intermediario o un dirigente.

Eso es dignidad.

El problema aparece cuando la emergencia se vuelve permanente y algunos descubren que mantener esa relación de dependencia también tiene utilidad política.

Porque una persona que vive de su trabajo no necesita agradecerle nada a nadie.

La que depende todos los meses de que alguien le entregue una ayuda queda en otra relación con el poder.

Ahí empieza el viejo negocio del clientelismo.

No por culpa del que necesita.

Por responsabilidad de quien, después de años gobernando, **sigue ofreciendo asistencia donde debería haber generado autonomía**.

Tierra del Fuego tuvo tiempo y herramientas.

Lo que faltó fue un proyecto económico que mirara más allá de la próxima elección.

Y por eso la imagen del eterno adolescente sirve bastante: una provincia que creció, recibió ayuda durante décadas y todavía mira a “papá Nación” cuando las cuentas no cierran.

Mientras tanto, el que ya entendió que tiene que arreglarse solo es el trabajador.

**Un empleo para cobrar el sueldo. Otro para llegar a fin de mes. Y si tampoco alcanza, esperar el bolsón.**

Eso podrá mantener a una familia a flote.

**Desarrollo es otra cosa.**

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