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title: "Se dispara la mora en los hogares: casi 1 de cada 10 créditos personales ya registra atrasos"
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description: "El sistema financiero cerró 2025 con una morosidad general del 5,5%, pero la señal de alerta está en las familias: el 9,3% de los préstamos a personas físicas muestra irregularidades. En el circuito no bancario, la situación es todavía más delicada: la mora trepa al 22,8%."
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date_published: "2026-02-23T07:23:00-03:00"
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# Se dispara la mora en los hogares: casi 1 de cada 10 créditos personales ya registra atrasos

La morosidad volvió a escalar y dejó un dato que inquieta más por lo que revela que por el porcentaje en sí: **casi uno de cada diez argentinos que tomó un crédito tiene dificultades para pagarlo**. De acuerdo con el último informe del Banco Central (BCRA), el año 2025 terminó con un **índice general de mora del 5,5%**, confirmando una tendencia ascendente. Pero el deterioro se concentra en los hogares: **9,3% en préstamos a personas físicas**, frente a una mora empresaria del **2,5%**.

La foto muestra un contraste cada vez más marcado entre el frente corporativo y la economía doméstica. Mientras las compañías sostienen un nivel de incumplimiento relativamente bajo, las familias aparecen más expuestas al atraso, en un contexto donde el crédito dejó de ser un puente para comprar bienes durables y pasó a operar, en muchos casos, como un salvavidas para sostener el día a día.

Detrás del número hay una dinámica que se repite en miles de hogares: **ingresos que no recuperan poder de compra al ritmo de los precios**, tarifas que presionan sobre el presupuesto y aumentos frecuentes en combustibles que terminan trasladándose al transporte y a la canasta de consumo.

El encarecimiento de los servicios básicos golpea en forma directa sobre el ingreso disponible. Con facturas más altas, alquileres en alza y gastos corrientes que se recalientan, el margen para el consumo se achica. En ese escenario, crece el uso del financiamiento para **gastos esenciales**: alimentos, medicamentos, movilidad y cuentas del hogar.

El propio BCRA atribuye el deterioro, principalmente, al atraso en el pago de **créditos personales y prendarios**. Durante 2025, el financiamiento a las familias se expandió con fuerza —**36,9% en términos reales**—, pero esa aceleración también elevó la exposición al riesgo. A mayor volumen de crédito, mayor probabilidad de que el sistema empiece a mostrar fisuras cuando el ingreso no acompaña.

Con **tasas todavía elevadas**, una inflación persistente y una recuperación salarial que no termina de consolidarse, el combo es difícil de sostener. Cada ajuste impacta en cadena: el combustible presiona costos de logística, eso se siente en alimentos; las tarifas recortan el ingreso disponible; el crédito aparece como salida rápida, pero encarece el futuro.

El problema, en el fondo, no es solo financiero: es estructural. Cuando el crédito se usa para comer o pagar servicios, el sistema se tensiona y la morosidad empieza a funcionar como termómetro social.

Dentro del sistema bancario tradicional, los niveles de mora todavía están lejos de máximos de crisis previas. Pero el panorama cambia drásticamente en el circuito no bancario: **cooperativas, mutuales y financieras de consumo** —donde suelen recurrir quienes tienen menor acceso al crédito formal— exhiben una irregularidad del **22,8%**. Es decir, **casi uno de cada cuatro préstamos con problemas**.

Allí se concentra la población con menor respaldo económico, más expuesta a la informalidad laboral y con menos margen para absorber aumentos o imprevistos. En esos segmentos, el crédito suele llegar con condiciones más costosas y con una fragilidad mayor ante cualquier shock.

El repunte del crédito al sector privado también refleja un cambio en la estructura del sistema financiero: los préstamos a empresas y familias ya representan **43,9% del activo total de los bancos**, desplazando el peso que durante años tuvo el financiamiento al sector público.

La contracara es evidente: el sistema presta más, pero **los hogares pagan peor**. La alarma, en este punto, no es un tecnicismo contable: es un síntoma de época. La morosidad creciente en familias expone una economía en la que cada vez más personas hacen equilibrio para llegar a fin de mes y donde el endeudamiento dejó de ser una elección para transformarse en necesidad.

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