Cultivan larvas de centolla en laboratorios para repoblar el Canal Beagle

La iniciativa, desarrollada por investigadores del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) dependiente del Conicet y que ya superó su etapa experimental, consiste en el cultivo de larvas en laboratorio y se aproxima a liberar unos 50 mil ejemplares jóvenes que podrían llegar al mar a fines de este año o durante 2017, explicaron los expertos a Télam.

 “La sobreexplotación de la centolla en Ushuaia está expuesta por la disminución en el rendimiento de las capturas en los últimos 15 años. Centollas casi no se extraen y las conocidas como falsas centollas o centollones, también se encuentran en riesgo de sobrepesca”, explicó Gustavo Lovrich, doctor en Biología de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Cadic.

Según Lovrich, las centollas no tienen predadores naturales: “Son animales que están al tope de la trama trófica y son omnívoros, por lo que se alimentan de todo lo que la naturaleza les ofrece. El hombre es el único predador a través de la pesca”, precisó.

La especie se captura desde 1930, y los niveles de mayor extracción se produjeron en las décadas del 70 y del 80, cuando empezó a dar muestras de sobreexplotación.

Por ejemplo, la Secretaría de Desarrollo Sustentable y Ambiente fueguina aseguró que en 1975 se extrajeron 212.810 kilos de centolla del Canal Beagle; en 1980, 148.897 kilos, y en 1990, 96.004 kilos.

Entre 1990 y 2003, la cifra decreció (también producto de las vedas de pesca) hasta los 1295 kilos, aunque luego volvió a aumentar hasta alcanzar promedios de entre 30 y 60.000 kilos en los últimos años.

“El crecimiento de las centollas es muy lento. Un ejemplar tarda 8 años hasta convertirse en adulto y poder formar parte de la fracción pesquera. El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep) monitorea periódicamente la especie y documentó la disminución de animales que quedan adheridos en las trampas”, sostuvo María Paula Sotelano, bióloga y una de las investigadoras del Cadic a cargo del proyecto de repoblamiento.

La especialista mencionó que pese a los períodos de veda, implementados en la década del 90 del siglo pasado, las características de crecimiento de estos crustáceos y la ausencia de controles exhaustivos llevó a que la especie no lograra recuperarse, y motivó a los científicos a evaluar distintos proyectos de regeneración, como por ejemplo la transgénesis.

“En materia de crustáceos no se conocen muchos casos de animales transgénicos. Para ello habría que desarrollar las técnicas y es muy posible que aun lográndose, sean rechazadas por determinados mercados”, opinó Lovrich.

En cambio, tomó fuerza la idea de cultivar larvas y ejemplares juveniles de centolla, mejorando los porcentajes de supervivencia en los primeros estadios de vida, que son los de mayor mortalidad, para luego devolverlos al mar en un momento que permita la recuperación de la especie a largo plazo.

“Hay una etapa experimental ya cumplida. Ahora estamos dentro de un proyecto de innovación productiva con el acompañamiento de la provincia. Nos encontramos en un momento de producción a escala piloto. Este año vamos a generar unos 50 mil centollas para después poder liberarlas”, detalló Sotelano.

La investigadora explicó que la principal limitante es la falta de espacio, no solo por la cantidad de huevos que puede portar una hembra (se estima en unos 60.000) sino porque los primeros ejemplares juveniles, cuando miden en el orden de los dos milímetros de caparazón, incurren en canibalismo y hay que separarlos.

“Las larvas no se alimentan de manera externa, sino que consumen reservas de la madre, pero los primeros juveniles atraviesan por una etapa en la que mudan el caparazón y llegan a comerse entre sí”, confirmó la bióloga.

Mientras tanto, las autoridades siguen trabajando en mecanismos de control sobre la pesca de centollas y centollones, una actividad que ha estado sujeta a incidentes y a discusiones normativas.

Una ley provincial que regula la captura de centollas entró en vigencia en mayo de 2013, pero después de una controversia que involucró al gobierno provincial, al Cadic y a las asociaciones de pescadores artesanales.

La norma fue sancionada en diciembre de 2012, vetada por el Poder Ejecutivo e insistida luego por la Legislatura.

La postura del gobierno y del organismo científico era proclive a la prohibición de la pesca hasta lograr la recuperación de la especie, mientras que la ley 931 terminó regulando condiciones para la extracción, como por ejemplo que solo puede ser llevada a cabo por pescadores autorizados, y solo puede incluir a “ejemplares machos adultos de un tamaño mínimo de 12 centímetros de ancho de caparazón”.

También se fijó una veda estacional entre el 1 de marzo y el 30 de junio, que tiene basamento en que para esa época los animales mudan su caparazón y acumulan mucha agua, por lo que su carne no posee la misma calidad.

A pesar de ello, la pesca furtiva de centollas es una preocupación constante de los funcionarios y da lugar a incidentes regulares, como el secuestro de trampas ilegales por parte de personal de la Prefectura Naval Argentina.

El año pasado, funcionarios argentinos llegaron a plantear una queja formal ante autoridades chilenas, por la aparición repetida de embarcaciones de ese país descubiertas mientras pescaban en aguas argentinas del Beagle.

El llamado “Clúster de la Pesca Artesanal de Tierra Del Fuego”, que integran organismos públicos y privados relacionados con la actividad, funciona desde noviembre de 2013 con la idea de articular los intereses de cada sector, y de solucionar los principales problemas que se presentan.

El clúster realiza ahora, junto a científicos del Cadic, un estudio para determinar la población actual de centollas en el Canal Beagle, a través de muestreos sistemáticos en los sitios de colocación de trampas.

En noviembre del año pasado, un grupo de pescadores artesanales logró la reapertura de la única planta de procesamiento de pescado de la ciudad, que permanecía inactiva desde hacía 10 años.

La iniciativa fue gestada por agrupaciones nucleadas en la Federación de Cooperativas de Tierra del Fuego, que se asociaron con el Municipio de Ushuaia para poner en funcionamiento y administrar en conjunto la “Planta de Procesamiento de Pescadores Artesanales del Fin del Mundo”.

La idea era que los 10 pescadores dedicados a los crustáceos, 3 marisqueros y 3 a pesca con red pudieran “traer su producto a la planta y llevárselo controlado por la autoridad provincial, certificándose su calidad en caso de animales vivos y, caso contrario, procesándolo y envasándolo”, explicó entonces Francisco Núñez, el ingeniero y jefe responsable de las instalaciones.

Sin embargo, el emprendimiento padeció problemas edilicios y de falta de capacitación de personal que obligó a suspender las actividades, y la Municipalidad prometió que reactivarán el establecimiento en los próximos días.

“La mayoría de la pesca artesanal de centollas se comercializa localmente, aunque una porción se exporta. Como recurso gastronómico, sigue siendo una de las principales atracciones para el turista”, comentó Sotelano, al fundamentar la importancia del proyecto de repoblamiento que se encuentra en pleno desarrollo.

 

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